Entrevista inconclusa...


¿Cómo definirías tu obra?

Indefinida, y va a estar siempre indefinida. Siempre es complicado definir una obra, y especialmente cuando es una obra que está evolucionando, haciéndose e inventándose día a día. Mi obra es el producto del mundo en el que vivo, del mundo que voy viviendo cada día. Por otro lado, me interesa aportar cosas que tengan un sentido contemporáneo, no me interesa un arte anacrónico o caduco, reivindico la vigencia de la pintura en este siglo que acabamos de inaugurar, creo que es una forma de expresión absolutamente inherente al ser humano, una forma que está unida a la vida, la plasticidad, el color, el olor de la pintura.
Hice una exposición en Italia en la que se hablaba de la pintura olorosa de Jaime Sánchez, el olor a almendras amargas, la mezcla de los pigmentos, de la trementina, los barnices. En mi caso la pintura empezó por el olfato, empecé reconociendo la pintura oliéndola. En definitiva, mi obra es la representación de mis instintos, de mis sentidos, de mi consciencia de estar vivo, es mi filosofía personal. Por lo tanto, mi obra afortunadamente no está definida y espero que nunca lo esté. Quiero seguir sorprendiéndome. Es una necesidad de sacar lo más íntimo, lo personal.
En la actualidad, después de diferentes etapas, mi obra se define por un mayor radicalismo formal, en el conviven la figuración y la abstracción en un microcosmos que busca lo esencial de mi sentir ante la obra, en la que lo metafísico y lo cartesiano expliquen la emoción del cuadro desde una perspectiva intimista y de búsqueda de la propia esencia tan universal como profunda. Es evidente mi gusto por la materia, por lo táctil que acerca el sentido pictórico al escultórico en algunas cosas, motivo por el que me gustan los formatos grandes que ayudan tanto a lo gestual como a un mayor deleite en la policromía de la obra.

¿Cuál es la filosofía de tu obra?

Es una filosofía basada en la búsqueda de nuevos espacios y de nuevos conceptos sensitivos que expliquen nuestro momento histórico, nuestro momento de vida, que explique lo que somos ahora a diferencia de otros tiempos. Es una búsqueda del ser humano imprescindible y diferencial en su lugar en el universo. El ser humano, como elemento diferenciado del resto del mundo, es el que ordena y desordena su universo y lo hace fluir entre el orden y el caos. Lo cierto es que mi obra me sirve para explicarme a mí mismo y no a la inversa, eso la hace paradójicamente intimista, en una suerte de intimismo compartido que me recuerda a veces los postulados teatrales de Stanislavsky. Siento, como decía Shopenhauer, que la vida es corta y miserable, y que el individuo desea salir de la mediocridad de su existencia, sin embargo, se aferra a la vida y por contradicción el tiempo le parece largo y monótono. El tiempo es uno de los fantasmas que siempre ha estado presente en mi obra: ¿existe el tiempo o existimos nosotros? El tiempo genera permanentemente una angustia, una especie de intentar resarcirse de las cenizas de uno mismo y empezar de nuevo, no en vano la literatura universal esta llena de referentes a este respecto, podríamos citar por ejemplo la singularidad del absurdo en el Ulisses de Joice, la relatividad del tiempo en La Montaña Mágica de Thomas Mann o la búsqueda del tiempo perdido de Marcel Proust, fallidamente recobrado.

¿Te consideras postmoderno?

Si no hay más remedio... La postmodernidad es tan obvia como el hecho de que el mundo sigue existiendo y de que necesitamos dar constancia de nuestro paso por la vida. La postmodernidad es para mí la salida de un momento histórico del arte en el que se había llegado al límite por el efecto de las vanguardias. La caída de las vanguardias, de esa cerrazón que el propio hecho de la vanguardia aniquilaba, llega un momento en que nos quedamos sin nada. No podemos pensar que hay una sola forma de entender la plasticidad como creía Pierre Mondrian, el neoplasticismo. El arte moderno tiene muchas opciones, no se puede acabar en una fórmula. Eso no le quita importancia a las vanguardias. Nos ha tocado vivir un momento, en una sociedad occidental, el siglo XX fue vertiginoso en el arte. Si hay que darle un nombre pues está bien, no se como lo recogerán en el futuro los libros de historia. El postmodernismo guarda una continuidad sólo en este sentido con la modernidad. Por eso se ha vuelto tan actual Heidegger quien decía que el arte es el único lugar donde se encuentra la verdad.

¿Por qué pasaste del arte figurativo al arte abstracto?

Mi pintura nunca ha sido abstracta, si bien es cierto que siempre estoy buscando nuevos elementos de representación, todos mis cuadros tienen múltiples elementos figurativos, entendiendo por figurativo todo aquello que representa algo. Por ejemplo, la Serie Blanca (2005-2006) tiene elementos figurativos, más sintéticos, más planos, lo que ocurre es que no está presente el engaño de la perspectiva convencional, más bien hay una búsqueda de la sinceridad en lo que a la tridimensionalidad se refiere. La pintura es solamente una, diferenciar entre el lenguaje abstracto y figurativo en estos tiempos no me parece que tenga gran importancia.
Desde mediados del siglo XX se introdujo la idea de que el elemento narrativo en la pintura le restaba valor a ésta, sin embargo en plena efervescencia informalista convive con ella una obra fundamental de la pintura figurativa como lo es la de Edward Hopper, y ambas han mantenido su valor intrínseco como arte pictórico.

¿A qué responden los egos?

El ego es el drama de las vidas anónimas, el drama de tantas vidas que desconocemos y nunca nos han interesado, dramas, injusticias, acumulación de datos de la existencia del ser humano, su historia personal.
Me gusta sugerirle cosas al espectador, incluso las que se ven fácilmente, incluso las más banales. El hecho de emocionarse, de salir de la vida convencional que nos atrapa, de ver un paisaje que nos absorba, meternos en el misterio de los medios tonos. El mundo está lleno de matices muy sutiles, eso es la pintura para mi, ese lenguje universal que con unas lineas y colores se puedan expresar cosas que van más allá de las palabras.

¿Por qué haces series y no obras individuales?

Porque uno se puede perder en temas, es una forma de intentar explotar una imagen que surge en el estudio, vas indagando y explorando como si fuera una mina. Me interesa encontrar cosas que no se si serán nuevas para el mundo pero lo son para mi. Una obra da paso a otra, cuando deja de interesarme una cosa paso a otra. Es una filosofía de muchos artistas actuales, es la visión del antiestilo, de no quedarse con nada, podría citar a Bruce Nauman, Sigmar Polke, Gerhard Richter
Entiendo mi obra no tan sólo como piezas individuales, sino como partes de una secuencia de la siguiente, y trato de crear un espacio envolvente y un conjunto que funcione como obra en sí misma.

¿Existe en tu obra la denuncia social?

Hay una tendencia a la filosofía individual, los ismos y las vanguardias han pasado, la denuncia en el arte siempre ha existido, el arte panfletario siempre ha sucumbido, un arte con una bandera ideológica. El arte siempre ha denunciado. Cualquiera puede ser artista, eso es una denuncia de igualdad absoluta, de echar por tierra el elitismo, hay seres humanos que llegan a lo más profundo de su expresión. La posibilidad de que todos puedan expresarse sin discriminación. El arte siempre tiene la capacidad de romper esquemas y esa es la gran denuncia imperecedera del arte con mayúsculas. El arte como camino a la igualdad y a la libertad expresiva del ser humano.

¿Crees que tu obra es accesible a todos los públicos?

Me gustaría, no por un hecho mercantilista, la comprensión de la gente siempre es una búsqueda. El artista tiene que nacer de sí mismo, no se puede hacer un arte para complacer a todos, aunque el gran público es el que nunca se equivoca. Pienso que mi obra llega a la gente, no la deja impasible, por mucho o por poco, siempre crea una cierta desazón, una cierta reacción, que eso ocurra es un privilegio. El arte tiene que nacer del individuo. Paul Klee en su epitafio se preguntaba: ¿cómo me va a entender ese señor que pasa por ahí?.
El arte moderno no tiene una interpretación única, al espectador entiende la obra a partir de si mismo, hace valoraciones individuales, obviamente todo ello viene condicionado por el hecho social. Incluso los hallazgos en arte de nuevas formas de expresión se han producido en los momentos en que esas cosas se podían producir, son fruto de su tiempo.